19 febrero, 2012

DCCVIII.- La primera en saberlo


Para evitarme la deshonra y la fatiga,
por ese terco mal sabor que abruma,
de presentir que la ilusión se esfuma,
sólo quisiera que sea yo quien te lo diga.

Porque navegan las noticias por el ancho mar,
de matrimonios, despedidas, funerales,
con esta cosa de las redes sociales.
Toda esa gente que no para de hablar.

El caso es que hay que mejorar la raza
o fecundar su aurita llena de gracejo,
y le daré otro nieto vástago a mi viejo,
que va a llenarnos de alegría la casa.

Seguramente es la María Esperanza
(porque me late que será mujer),
y si es niñito ¡qué le vamos a hacer!
Otro Camilo que me llene la panza.

Pues ya no queda en mi alma ni una cicatriz.
La vida a veces nos regala una caricia.
Por eso escribo, para darte la noticia,
para que sepas que de nuevo soy feliz.

17 febrero, 2012

DCCVII.- El Último Día Perfecto


Yo digo, dentro de millones de siglos,
que no hubo mucha menos música que ayer:
y ya no alaban aves blancas en el cielo marrón,
ni sobre el agua pudo viento correr.

Porque el sol, que comenzaba a ser gigante roja,
lentamente derritió los polos,
y evaporose aquella pátina glacial de nubes,
que hace rato había dejado de llover.

Y con el mismo apetito voraz,
eras tú, que caminaba por la calle,
en el centro del bendito corazón,
eras tú detrás de cada detalle.

Eran las almas que mirándote lloraban,
la fina luz que viste a la naturaleza,
por retener en mi memoria la belleza,
la melodía que no tiene calderón.

Y en el infierno del invierno colosal,
llamado fuego, aunque el horror haya muerto,
herida fuga por toda la eternidad:
que se declare mi concurso desierto.

Retina y pétalos, atlántida dormida,
oruga en círculos, casquete polar:
tu caminata cuando acabe la vida.
Tú seguirás cuando no quede ya más.

29 enero, 2012

DCCVI.- Cuculíquido Capilar



Había en esa casa
una presencia que era mía:
dos pequeñas tazas
con un poco de alegría.

Dormido en la frazada
de una cama vacía,
lentamente daba
campanadas mi reloj.

De noche los amantes
ignorantes se perdían,
llenándonos la boca
con las nueces del amor.

De cada nuevo paso
que parí contigo,
cantando la saeta
por algún rincón.

Creyéndonos la vida
parecida unidos:
de toda esa aventura
casi nada quedó.

23 enero, 2012

DCCV.- Elefantasma Musical Primitibia






Yo creo firmemente que la vida repercute.

Repercute, porque incluso cuando no lo hace,
queda sonando entre nosotros
esa flora fantasma que parece querer volar
alrededor de nuestra casa cantando,
gimiendo intensamente y repercutiendo.

Yo creo firmemente que todo eso ocurre,
sin aviso ni concierto, porque es puro y feliz.

¡Animosamente fábula, persígueme hasta dar
-nos de bruces con el águila del aire viento!

Yo quería amar, mujer, detrás de ti,
amiga de los bellos faroles,
que bailabas de noche vestida de guirnaldas,
y seguía tus pasos, hallando en cada charco
la huella de tus alas, la música a tus pies
y el muro en que leía tu nombre,
su castiza comezón de orquesta,
su fulgor de perseverancia
y nuestra luz que tiene el perfume del agua salada.

19 enero, 2012

DCCIV.- Todo el tiempo del mundo







Ya he vivido 900 años
y seguí la ruta ignota del azul agradecido:
una flota de mercantes que atraviesa el mar
Y fuimos niños.

Fuimos ángeles romances con el mismo corazón
y ya ves que como nadie disfrutamos:
se cumplió la condición que nos ató
y nos amamos, nos hicimos trenzas, y perduramos.

Pero hay cosas que no acaban nunca:
porque nunca es la palabra santa,
todo el mundo cabe dentro de sus cinco letras
y tenemos que vivir mil años.

Yo soñaba con hacer los biberones,
por la noche despertar para dormir
a la pequeña palomita que no sabe volar:
yo soñaba cada tarde con amar.

Pero he vivido mucho más de 900 siglos
y uno nota que se arruga la piel.
Ahora debo ser ferviente agradecido.
Te conocí. Fui de tu luz. Nos conocimos.

17 enero, 2012

DCCIII.- Mis hijos conmigo









Yo vengo a ser amigo y digo trigo, sólo de ellos:
cual carcoma del amante itinerante más pueril.
Pues nací cuando morí casi volviéndome ingenuo
y di frambuesas por el campo donde arranco al perseguir.

Me descuido porque fui como un baldío presumido
donde el terco pito estéril era lluvia pertinaz.
Fui cundiendo más en él: clara nata y la barata.
De ella dulce la marea y de Pedrito culminar.

Y esta noche el cuculí sólo quisiera cantar,
en bendito paso náufrago, un puchero sin fin,
que festine y trine luz, casi nada que temer:
va mi niño desnudo y la Nenita corazón.

Porque siento su presencia de inocencia ingentemente:
caminatas hasta el alma que me quiere crujir.
Repitiendo perfumada su balada más inquieta:
de vivir, van a vivir, pero conmigo a sentir.

12 enero, 2012

DCCII.- La Borboleta de la Luna Soñar



Canela verde conocí de noche
aquellos ojos derretidos, gigantes,
que se perdieron en albino derroche
para dormir oruga luna en un instante.

Gemí te vas y dijo parto luego,
cual delirante seminal del vino:
mi herida cálida, matriz de fuego
en su mirada, el corazón y el trino,

Pero esas dichas no perduran y yo,
que soy el árido, morí el mar,
abandoné las caminatas de Dios
y vine al mundo que no tiene lugar.

Delirio tonto y mentiroso mito.
Atar alado cabizbajo, lirón.
Anaranjado enamorado Pedrito.
En el verano de los años del amor.

13 diciembre, 2011

DCCI.- ¡Adiós, Idiota!






La gente me da risa.
La vida en la ciudad.
Perdí la sangre fría
No es mala voluntad.

Leyendo una revista
Navego en City Car.
Patrulla en la autopista.
Y escondo el celular.

Las luces encendidas.
A gran velocidad.
Se ensucia el parabrisas.
Panquehue y Romeral.

Luz verde todavía.
¡Ya déjenme pasar!
No tengo todo el día.
Me voy a trabajar.

Calera es tan horrible.
Dos horas sin parar.
No alcanza el combustible.
Quillota me da igual.

Apúrate maldito,
Te voy a adelantar
Rabiar es tan bonito.
¡Aprende a manejar!

21 noviembre, 2011

DCC.- Zarpedrito


Me estoy convirtiendo en la punta del oro.
No canto perfecto ni tengo patrón.
Obligo a la mística pauta, cancelo.
Que nadie me apunte: no soy domador.

No olvidaré jamás este momento
en que debo comenzar de nuevo.
Haría la mañana palabra cadabra:
la pésima segunda. Me voy a navegar.

La gata al parecer está preñada.
Un siamés logró pasar el ventanal
de la entrada con la cabeza arañada
y pasó retozando la noche hasta el final

Ese pueril capullo diminuto desapareció,
y hay en su lugar una caracola reseca,
como oreja de laucha, como coliflor.
Ahora lleva en la barriga calabazas huecas.

Tengo la carita totalmente llena
de labios poderosamente tristes.
Pero un ángel aplicando su gangrena
en mi boca cariñosa, insiste.

Yo quería dedicarme a lo que sube
hasta la dulce nimiedad sin avisar:
cometí tantos errores que no pude
simplemente se perdió en mi paladar.

Pero estoy por comenzar de nuevo.
El más hermoso canto regalar, amar:
que todo viva, y que hayan huevos.
Esta noche me hago a la mar.

17 octubre, 2011

DCXCIX.- Blackberry Fields Forever








Hoy volví a la costra del azul andino,
de gente campesina de palabras raras,
de frutas en la noche, carretera y vino,
de pulgas en la almohada, y pereza..

¡Oh, si la longa pereza rimara!

Perfume de gladiolos en la boca mala,
reuniones sin asunto de la una a las tres,
rondas periódicas y cada día sala:
horribles serenatas al amanecer.

El mismo macetero en que se caga la gata,
la misma sopa fría de cabellos de ayer.
La noche sin asunto y los cigarros en la bata.
Nunca dejaré de arrepentirme, mujer.

En Diego de Almagro, seco y enfermo.
En el mar que se llevó a Constitución.
En Chañaral el domingo es eterno
y en mi Puerto, amoratado y burlón.

Vida traviesa en que todo es pasado:
En San Miguel, adúltero y felón.
En Talca amarillo, frío y callado,
y Arica en el alma de Putre facción.

29 septiembre, 2011

DCXCVIII.- De un tiempo a esta parte




Si he vivido en la ciudad de las antiguas piedras
por volver acomplejado a la mitad del país,
mi periplo de espirales caminatas negras
fue otro lento aprendizaje de codicia y maíz.

En el trono huracanado que levantan las arenas
mi bandera en lo invisible del pulmón de Dios,
se llevaba en caracolas mis canciones buenas
para el último bastión de una pareja sin arroz.

Vi cayendo en mis dos manos esa voz que abraza.
Pilar que he vuelto a oír como una astilla en mi sien,
porque quise persuadirla pero se ha ido de la casa
para ser completamente mi pasado y mi recién.

27 septiembre, 2011

DCXCVII.- Nunca me resulta








Vida del ángel al planeta mediocre:
nadie me mira sin el ojo pestañear,
de la que viene mentira patraña delira
y se pasea como Pedro por su lar.

Preferiría mendigar sencillamente,
completamente abandonado a la matanza,
sin olvidar que alguna tarde me quedé esperando,
llamando y llorando, solito cantando.

Una bandera en el umbral de la casa
con la botella de licor de quemar
y la figura dibujada en la tierra:
une la vida con la muerte de Jesús.

No importa nada por salvar de la pereza
a mil millones de personas tristes.
Yo no me cubro de piñones la cabeza:
por una noche fui el invierno de Titán.

25 septiembre, 2011

DCXCVI.- Pata Pelá








Beso las cosas canjeado por la distancia
en un vuelo cardíaco de gallarda raza,
amoroso sustituir de pueblos y vanidades.
Siempre toco la guitarra.

No es la fuerza generosa que me dio la vida,
sino genuina y liberal fruición domesticándonos,
y es para nosotros grito y miel arrogante:
su música sin lágrima, vértigo y caricia.

Nos iremos otra vez donde la leña crujir,
al abrigo de un bosque lento para calzas húmedas,
mirando el sordo fulgor anaranjado de la noche
y cantaremos para siempre junto a la mesa del mundo.

10 septiembre, 2011

DCXCV.- Comundo




Ambos tuvimos la cara manchada
y un ártico manto deseo en la voz,
supimos enseguida qué diría el invierno
y quisimos atarnos sin decir adiós.

Los dos recogimos la misma moneda
y en cada bolsillo bordamos la cruz:
crecimos de pronto ante el látigo heridos,
y un canto de silencio dormido nos mudó.

Unidos en íntima alianza genuina,
los dos eslabones de la libertad.
Con ella conmigo: verdad y testigo,
nos fuimos amigos de la eternidad.

01 septiembre, 2011

DCXCIV.- Filosofía Barata y Balines de Goma




Pasada la media Nietzsche, Ortega fue en bus Kant de su amigo Gasset, pues tenía unas ganas Locke de Tomás una Copérnico.



Juntos partieron al Demócrito, pidieron un Platón de pebre con pan Pitágoras y, para la sed, unos Shoppenhauer. 'Mañana mismo me hago el Anaxímenes a la Proustata', dijo Ortega. 'Mejor, vayamos a otro lado. A mí me molesta el Hume', dijo Gasset. '¡Epicuro manejo mejor!', exclamó Ortega, así que se fueron a otro Baristóteles donde no se podía fumarx.



Haciendo elogio de la locura, se Chantal unos pasamontañas y salieron a causar de Sartre a la calle. Era la rebelión de las masas, pero los Paco de la Mirandola los detuvieron por Descartes. '¡Erasmo nosotros no más!' dijeron, y los fueron a Dejaidegger a la Comisaría.

16 agosto, 2011

DCXCIII.- La Primavera








Cientos de miles de niñas y mujeres
llevan en sus manos un halcón benigno,
el ave de las íntimas pasiones en el alma
por algo más de luz que respirar.

O por gritar, por abrazar unidas
el tiempo que nos hizo amar la tarde:
su música aliviana vuestras vidas
y vuelca nuestros sueños a la calle.

Y en la tarde habré salido a caminar
por el candil de la esperanza más pueril
y al abrigarla en el calor del corazón
se vio brillar el oro canto de los pueblos.

Y abriéndose paso entre flores marchitas,
responden para siempre a la misma pregunta:
¿Qué cosa exactamente seremos esta vez?
¿Iremos a marchar indefinidamente juntas?

Se disfrazan de palomas aguerridas,
se desnudan y son cientos de miles.
Yo he venido a celebrar la vida
y a cantar la primavera de Chile.

27 julio, 2011

DCXCII.- Pestilente de Contacto




La vida risa camarada venturera,
moré cabalga plenilú mistericor.
Yo menamoro de la misma pordiosera:
me como dos, de cómo diosa bando no.

Es el aún cuando reemplaza a todavía,
nunca se fue: te sigue tonto humilde
y cada tarde, cada noche y cada día,
porque el aún enamorado lleva tilde.

No se parece a la mirada desconsuelo
ni a la palabra que se dice caminar,
porque te quiere con el alto vuelo
que no lo oyere en su planeta quasar.

15 julio, 2011

DCXCI.- Politinélica




Si flota viento calibrándonos amargo,
¿Por qué será de nuestra mágicanción?
Sin percusión, amaneciéndole pirueta
ni su veleta de colores quedó.

Respiro vértigo y peligro canto,
de cada noche lo que no durmió.
¡Cómo quisiera delirando mira náufrago!
Era el comienzo de la vida nueva yo..

Amiga, no. ¡Camina Dios!
¿Dónde siguiérala cantina mi música?
La algarabía láctea cómpañalá
fue la energía de la mentiró.

11 julio, 2011

DCXC.- Mecha Corta




Tenso perdido en la esfera sin centro,
hago las cosas de acuerdo a lo que soy.
Muestro a la gente lo que siento dentro.
Si hago las paces: me arrepiento y me voy.

Pero hoy no sé. Que sigo sólo.
Si he cometido algún error, no tengo a quién
decir lo siento, humildemente, fue sin dolo.
Pido disculpas por lo que hice recién.

Mira las alas de mi nombre tan hermoso,
que no podría sino ser como yo fui:
que sigilosamente inquieto y bullicioso,
peligrosamente dije lo que pienso de ti.

03 julio, 2011

DCLXXXIX.- Mitú





Siguiome vil la turba con piedras en las manos,
de noche, estuve solo, marchito y lloré.
No tuve un solo hermano, ni Dios que perdonase.
Sin alma, fui vendido, ni me reincorporé.

También estuve preso, desnudo, perdido:
de cuando fui un impuber. Abusaron de mí.
También me denunciaron de cosas que no hice.
Burláronse de gente que tanto amé.

Se fueron sin pagar cuando fui el mesero:
dijeron que volvían, y nunca más.
Entró a mi casa oculto, cobarde un ratero:
llevose miserables tesoros, según él.

También viví la infame, la amarga injusticia,
y cada vez que estuve en el llanto, morí.
Yo quise denunciarlo por ser reivindicado.
Yo quise que de pronto estuvieses aquí.

Es mágica la vida: permíteme ayudaros.
Recoge desde el hondo, lo lúgubre de mí.
Y canto en regocijo, gritando sin reparos:
Yo quiero que te sientas de pronto feliz.

Yo vi cuando caías peldaño a peldaño,
mi fruta medicina, mi fiel encarnación.
Yo me quedé contigo, llorando tu daño.
Mi vida sólo quiere canciones de amor.

30 junio, 2011

DCLXXXVIII.- Un secreto sobre el origen de todos los gritos



Bailan precisamente en el fondo mismo
del resto de los estudiantes todos juntos.

Mi hija detrás de nosotros,
el raro nombre de los seres humanos,
la prisión imposible en que sus jaulas ama al mundo,
lo poderoso y lo imprevisible,
¡Oh, tenebroso lámpara insolente!

¿Quien estuvo con ellos desde el principio?

Aquí lo tenemos.
Es la fuerza al alcance de su mística peregrina y barata.

Vírgen y pueblo,
verruga y dolor,
música persona,
anagrama de los largos y penosos viajes
que no fuese el asesino dédalo y papel.

Por lo menos que no existe
el que no tiene palabras,
que ni siquiera gime,
porque todo es vanidad,
meticulosa vanidad rémora
de tercos fabricantes perezosos,
suma y perseverancia del otoño principio,
dando vueltas interminable vino por ti,
estival de la eterna vejez humana
desconsolada y resurrecta,
química y nación,
madre de todos,
calcinada que yace,
llorando sin abrazos,
desde el inicio lejano de las obras salgo a la calle.

Un día todo comenzó.

24 mayo, 2011

DCLXXXVII.- Tuto



A mí me gusta casi siempre despertar,
que no he podido mantener la vida cuerda,
ni el habla indemne o la paciencia solar.

Como un estrago que se adueña de sí mismo,
el aire arroja ante mis manos una almuerza de vigor,
semilla austera de canción y paroxismo:
el oro cándido que llora al nacer
y que se lleva de mis ojos el amargo sueño:
y ya no quiere que me duerma nunca más.

A mi me encanta despertar todas las noches
y la vigilia en plenilunio, la pijama pendular,
y los abroches de una lúgubre pianola
me han atizado como al fuego de motores alamar.

Me gusta tanto despertar y ver que existo,
que cuando niño me quedaba hasta las cinco así,
sólo pensando y recibiendo en egoísmo
la vida lágrima, cometa, recoleta y me dormí.

16 mayo, 2011

DCLXXXVI.- Homo Toxicus


La culpa es de Piñera y quien lo puso allí,
la culpa es más que nada del gobierno anterior.
La culpa es de Pinocho y de la CNI,
la culpa es de los mismos que vendieron su honor.

La culpa es de la CIA y de la ITT,
la culpa es de la izquierda que lloró a Fidel,
la culpa es de la gente que votó por la UP.
La culpa es del gobierno de la antigua DC.

La culpa es del infame de González Videla,
la culpa es de Alessandri y de su padre que mintió.
La culpa es de los nazis y del par de guerras,
la culpa es del salitre y de la Iglesia del Señor.

La culpa es del orgullo de José Balmaceda,
la culpa es de los ricos y del Himno a Prat,
la culpa es Lastarria, de Bilbao y Carrera,
la culpa es de Bernardo y de su ilustre papá.

La culpa es del arauco gallardo y belicoso,
la culpa es de Valdivia y de la Reina Isabel,
la culpa es de Colón y de su mapa monstruoso,
la culpa es de los Turcos y del pueblo de Israel.

La culpa es de los viejos mercaderes de Venecia,
la culpa es de los Papas y del moro infiel,
la culpa es de los ogros que vinieron de Grecia
a saquear por las especias de la sopa y la miel.

La culpa es de la quinta y la primera cruzada,
la culpa es de la peste que causaba el horror,
la culpa es de la España castiza, inveterada,
la culpa es de Jimena con el Cid Campeador.

La culpa es de los godos y de Carlomagno,
la culpa es de Mahoma que no quiso ceder.
La culpa esta al final de Imperio Romano,
la culpa es de los hunos y los otros también.

La culpa es del poder de la Iglesia Cristiana,
la culpa es de la Roma sanguinaria e imperial,
la culpa es de Nerón y de la guardia pretoriana,
la culpa es de Jesús y cómo no de Barrabás.

La culpa es de Alejandro que se trajo la soya,
la culpa es de Darío que lo deja pasar,
la culpa es de Pericles y el Caballo de Troya,
la culpa es de los muertos que se lleva el mar.

La culpa es de los hombres que al dinero se dedican.
Es de todas las mujeres que les piden el sol.
La culpa es de la raza que se multiplica.
La culpa es de los padres y los hijos de Dios.



DCLXXXV.- Caparazón de ti




Es capaz de perdonar a medio mundo,
pero nunca pedirá perdón.
Que el misterio de la luna carolina caminar
paulatina cariñosamente dulce le escabulle.

Y no podrá recuperarlo esta vez,
porque el ogro de la cruz sólo una vez lo da,
y lo que sobra se lo queda en el morral
o lo esparce en la pradera de su vientre en libertad,
lo distribuye.

No lo conserva, ni lo quita,
que sin más lo destituye, y yo.

Soy el que brota caminando
lo que dicen los ciclones,
almalumorada que no sabe soñar:
de pronto una retina que fijandose en mí,
amó lo que yo amaba y me dejé llevar, feliz.

Soy tan feliz,
tan de mi lado,
tan ignorantemente lúdico y voraz.

No tengo tiempo.
No quiero estar
por otra vida larga vida sin amar,
ni voy muriendo.

14 abril, 2011

DCLXXXIV.- Cambucha Chico



¡Ya no puedo creer lo que pasa!
¡Este cabro se me enoja en serio!
Y, parado en el umbral de mi casa,
de brazos cruzados, hace pucheros.

No ha fumado ni bebido un solo trago.
Ha metido sus cuadernos en mi viejo velador.
Se la lava con el agua que yo pago
y sacó mi foto vieja del verano anterior.

Mechón celosito, macaquero y culón,
que se instala en el quincho a leer
y transcribe enamorado esa horrible canción,
la de Arjona, que le canta a mi mujer.

Mas no sabe con la chicha que se cura.
No conoce ni siquiera a su mamá.
Ese amor que sólo dura lo que dura dura
me la mete hasta atrás, Nicolás.

11 abril, 2011

DCLXXXIII.- Vanidosa Pecas Pagas



La descubrí medio calipso, rubia:
y sorprendí el rubor acrílico del aire,
para no ser febril,
para olvidarte,
como un raquítico termina
casi todo es fraude,
y me perdí.

Soy fascinante,
soy un amor, ¿verdad?
Soy delirante.
No existe nadie en este mundo
que tal vez me alcance,
y su fatídica mentira que perfuma,
latido mágico es santito que arde,
vacía lúgubre y desnuda parte
a la minera calavera ya tarde,
de mi descuido demasiado bemol,
para reírse de mi tonta carne,
de mi fulgor sentimental,
de mi arte.

Para llenarse la barriga de nosotros,
porque ha logrado maricona alejarnos,
porque me ha dado bofetadas de miel,
y me ha embaucado tantas otras veces,
que yo he venido a dar la cara porque sé
que anda buscando más idiotas que comer,
que no minino clandestino y cobarde,
que no camina sin besar la piel.

El agua amarga de saber decir te quiero
no se ha dignado alguna noche ni siquiera a llorar
por no haber dicho dignamente doy la vida
y no me importa lo que digan los demás'.

DCLXXXII.- Mientras Dormía



Hay algo más allá de no morirme nunca,
y que, a mi juicio, me apartó de vivir:
esa rara savia culpa que uno tanto busca
en la mirada del dolor, y te perdí.

¿Y cuántas veces volveré a sanar
de mi sopor fundamental, de mi arrebato?
Donde una sola maravilla cuesta mucho más
que mil millones de aventuras por un rato.

Soy el panal de los errores inconclusos,
el himno viejo de una raza en extinción,
que desfigura su emoción, que dice mucho,
pero te juro que algún día volveré.

Y cantaré por no quedarme dormido
sin desearle al viejo Puerto, muy feliz,
el año nuevo del futuro, arrepentido
de no haber sido un angelito para ti.

DCLXXXI.- ¡Ups!



Te prometo, por mi vida, prodigarte pronto
la promesa prometida del eterno compro mil.
Me juré solemnemente no dejar de amarte nunca,
y no te amé siquiera un solo instante.

No he querido defraudarte, amiga:
no he sabido dedicarte a mí.
Prometí 18 veces caminar detrás de ti,
y no he dado ni siquiera un paso.

La primera vez no fue mi culpa.
La segunda amargamente me caí.
La tercera fue la mala suerte.
Desde entonces, casi siempre te mentí.

Soy el índigo animal, el prometido,
el esposo que no sabe salvo sólo jurar.
Yo quería ser gigante, divertido,
el mejor amante, y ser feliz.

Pero nada, Amor, estoy arrepentido.
Yo te juro que no volveré a jurar.
Como todo en esta vida se ha perdido.
Yo quería simplemente mantener la conexión.

30 marzo, 2011

DCLXXX.- 14 Asientos



Callada compañera, la Matilda,
tu amiga caminando va,
marcando cada paso en esa misma
vereda iluminada por un haz.

¡Un año perdido! Llorando por amor.
Huir despavorido. Dejándome llevar.
¡Qué absurdo descuido! No hay nada peor.
Estoy arrepentido: todo lo hice mal.

Cambié mi soledad por la desolación.
La vida me engañó. Creí que era verdad.
No basta con rezar: si acaso existe Dios.
Salí del cascarón. ¡Te juro, nunca más!

Su amarga sombra me cubrió los ojos.
¿Habrá otro ciego que conozca la ciudad?
Aquel dormido, abandonado, pordiosero cojo
que me guíe en la profunda oscuridad.

DCLXXIX.- Cuarentonces



Peligro porque viene el diablo. Alerta.
Bandido que nos hace mal.
Fumando, caminado. Compra y venta.
He visto la mitad de Dios.

El año que entra llego a los cuarenta.
La vida va quedando atrás.
Perdido por andar sin darme cuenta,
como uno que nació y murió.

El tiempo que he perdido está de vuelta.
Tendría que vivirlo igual.
Cual viento que me dio su mano abierta:
de noche no me la cerró.

Prefiero caminar sin rumbo, a tientas:
prefiero ser terrón de sal.
Acopio umbilical de bella fuerza.
Cuidado, porque vengo yo.

17 marzo, 2011

DCLXXVIII.- Manual para la Poesía del Mundo



La idea es saborear el cuerpo de la existencia
desde la boca de un niño
y sentir el alma de lo que nos rodea
con los ojos cerrados.

Hay que abrir el corazón insolente
al esplendor dormido en la catedral de las cosas,
lleno de algarabía, porque estamos vivos
y seguros de su belleza, porque existe en realidad.

No hay que dejar que la sombra de la desesperanza
inunde nuestra percepción,
porque ya tendrá su momento:
al menos, que nos permita construir el mundo.

Luego vendrá la hora de las responsabilidades,
la hora de los juicios y de las condenas:
porque el tiempo del fragor rotundo del día bueno
es el momento de la libertad.

Y la libertad es lo mismo
que el instante multitudinario de la oportunidad.
Porque el primer día es el mejor
y todos los días son el primero del tiempo.

03 febrero, 2011

DCLXXVII.- Laló K


Pulga en la oreja.
Mata de pelos.
Vientre en el agua.
Causa de vif.

No quiere ser vieja.
Se muere de celos.
Prefiere ser guagua.
No sabe vivir.

La cebra delgada
se lleva frecuente
la mano a la boca.
No sé la razón.

La llegua rayada
sin palos pal puente,
¿qué fue de esa loca
desnuda pasión?

La zorra macabra,
tarántula artera.
Su negro bocado
por última vez..

..Será agria palabra
de muerte y ramera,
nefando pecado:
ya me liberé.

31 enero, 2011

DCLXXVI.- Control de Impulsos


Dejaría de cantar imaginándote
y sería como todos los demás:
cada noche mis zapatos negros
o la luna comparada con el sol.

Ya verás que nunca fui perfecto,
que soñaba desde niño menojé:
cuando todos se parecen a la nada,
y quería simplemente mi papel.

Reprimir una mirada de contento,
simular que todo sigue tan normal,
por dejar de amar odiar al fuego,
para ser hasta la muerte tu fiscal.

Caminar encasillado a la victoria,
darle forma a la deshonra del arroz
y seguir así la vida de memoria,
sin arrugas ni vesícula biliar.

¡Y ahora piden que acelere mi muerte!
No hay posada sin piñata ni tormenta más feliz.
Yo habría dado lo que fuese por tenerte,
para siempre y como siempre, pero nunca me rendí.

20 enero, 2011

DCLXXV.- Amanecedad


Amó sin esperar
que nadie más la amara,
jugando en primavera
la baraja perdida.

Creía y la llamó
generación espontánea,
y todo lo que obtuvo
fue su propia vida.

Preñada de esperanza
desplegó las alas.
Oyó de pie su nombre
mas no pudo volar.

Llegó de sopetón
la madurez un día,
en oculta semilla
a su vientre de papel.

De niño me dejé llevar
por esa arpía,
y nada: se cubrió
de marcas toda mi piel.

De amores sin futuro
nunca más -gritó-
vivamos, la Jimena:
tiene toda la razón.

Su luz tocó mi puerta
y la dejé pasar:
se fue como la arena
que se lleva el mar.

11 enero, 2011

DCLXXIV.- 1981



Tenía doce calas de latón forrado:
y la celeste casaquilla del dragón.
En cada uno el rostro pálido pegado.
Son futbolistas de Tarapacá.

En el Colegio York había una tranquila sala
con un inmenso planisferio azul
y allí la profesora Salomé me hablaba:
“Cómo es que sabes tantas cosas tú”.

Había un plátano oriental en el camino
que se metía en mis pupilas al atardecer,
y por la noche me miraba el Camilo,
que no sabía si reír o comer más puré.

¿Dónde era el aire que veníamos cantando?
La casa fría de Maravedíes,
el patio mínimo, el pasillo, el árbol
y el viejo caqui que jamás olvidé.

05 enero, 2011

DCLXXIII.- Menos la distancia



Digo péndulo que buscoleccioné:
en la inquietante vibración
de las dudas palabras,
amígdala profunda,
canción terriblemente.

No puedo dormir.

Me fui de aquí llorando
cuando todo era hacia allá,
tan vasto,
feliz sin embargo donde no volvería:
porque el norte del mundo pudiese vestirme.

'Nadie me encontrará'.

Pero he vuelto tan desnudo como entonces,
abriendo paso al íntimo sermón doloso,
fuera luz que nos separa, y peligroso.

Sencilla y verde voz de vidrio manto,
ariete mal cariño calculé,
perdido en su alegría intermitente,
su vértigo filón descubro y mato.

Una noche desperté.

¡Que nos ampare el anonimato!

15 diciembre, 2010

DCLXXII.- Timo


Necio tabernáculo del éxito:
láminas de plata con cencerros de cristal,
inigual,
el amaranto murallón ubérrimo
que nadie nunca pudo atravesar.

La primavera de los sueños niños,
que van haciendo lagartijas en el cielo:
pero yo sé que es sólo un fraude puerco.
No queda nadie en este mundo
sólo el mundo y yo.

Lo cavernícola pariente que pobló la tierra:
el amistoso convivir de flores,
de caminantes y dolores y cariño,
de nubes ángeles filosofo moral.

¿Pero han venido desde el vértigo peligro
nuestros amantes en el año de la luz?

Yo quiero ver un día hablándonos de nuevas vidas,
amistosas y prudentes como el Faro Pedro Dios,
donde se busquen las anémonas verdades:
en otro mundo la cantata seguirá.

09 diciembre, 2010

DCLXXI.- Fischer 68



Si yo supiera que el bastión hecho de fuego,
el que separa mi prisión de las demás,
de las oscuras prisiones ajenas,
tiene compuertas cada diez o quince pasos;
si me rindiera sin alzar la voz
y cual Arquímedes absorto en su futuro invento
ignorase la llegada del soldado,
digo pretérito que no me conoce,
en la irrupción de la batalla del mundo,
todo un planeta iridiscente en mi ventana,
una clausura eternamente para mí
y sin aviso me llevara la muerte;
si lo supiera, de una vez y para siempre,
no podría seguir escribiendo.

Hay algo dentro que se llama herida furia,
una reyerta que hace días me atrapó
y confinado me ha tomado las manos,
para quitarme lo que tonto conseguí,
una casona donde corren niños
y el pueblo fétido en que vive la gente.


Yo ya no quiero ser el mismo nunca más.

22 noviembre, 2010

DCLXX.- Que alguien vaya a dar explicaciones




Cierta cofradía de aterrados sumisos
barre con sus manos el pasillo cuando va,
ogro venerado, que no pide ni permiso.
Nada se le escapa cuando sabe la verdad.

Todo está entregado a su irrestricto papel
de peoneta, galleta, patrón y Rasputín.
Nadie sabe más que lo que dice sólo él
porque nunca se equivoca, ni lo puedes corregir.

Su juicio se alimenta de la negra delación,
de la furia y la vergüenza o de la burla cruel,
escondida y misteriosa, porque no hay perdón
para el hombre que le dijo la verdad más fiel.

Yo, que fui su amigo, descubrí que a veces
logra lo imposible porque tiene el poder:
se hace lo que dice pero no se le obedece.
Es el solitario semidiós del piso diez.

12 noviembre, 2010

DCLXIX.- Aquiles Prevengo


Dígale, Señor, que no me busque
o que se calle,
si no quiere volar.

No radica mi certeza en la primera
calavera trabazón del alma:
porque nunca podré conocerme,
sino a la huella de mi Pienel Mar.

Labriegos que pisan
que borran y siegan
las mieses primorosas de mi fe.

Porque sigo caminando ciego:
si tuviera 9 ojos, me daría igual.

Y denuncio a la existencia humana:
todo es cáncer si lo dejas vivir.
La tarántula da miedo
porque está en la cama:
su mordida te despertará.

En resumen, digo fuerte y claro:
la paciencia se me está agotando.

Yo no soy el mismo tipo
ni siquiera menos cuando
mele pierde,
soy Pedrito Desarmando..

08 noviembre, 2010

DCLXVIII.- Medio Cacho


Soy tan atractivo como un cojo:
tengo casa propia a la que ya no puedo entrar.
Cuesta de la cara casi un ojo,
pero si la vendo en algo habré de mejorar.

Vivo separado de los niños.
Son como un tesoro que he tenido que esconder,
salvo cuando vienen a mi casa:
todo se ilumina cuadro días al mes.

Debo tanta plata que mi sueldo,
fácil como llega, así de fácil se me va.
Cuatro días hace que pagaron:
y he pagado todo, y no me alcanza papagar.

Y es que la princesa desde tierna edad
quiere ser la reina sin el rey en el hogar.
Es lo que ha aprendido de su madre:
'Déjalo en la calle, porque sólo es el papá'.

Cambio celda vieja por balanza:
todo se termina y volverá la libertad.
Pierdo pero nunca la esperanza.
Vida que me cansa. ¡Todo tiene que cambiar!

03 noviembre, 2010

DCLXVII.- Malo Grito Nunca Más

Voy ingente vida busca
bala música y pulmón:
un millón de lirios surcan
el espacio de mi voz.

Moro oprobio que consume:
ya no ejerce su papel
ni en el cálido perfume
de mi vieja, la niñez.

Que soy más, que soy alero,
trigo hueste y sigo luz:
puedo hacer de mí la fábula
en retina juventud.

No hay peñón de luna dura
ni basura que a mi piel
logre darle a la ternura
aquel aliento de ala cruel.

Mi refugio, cual hoguera
no se apagará jamás:
tibio canto de colmena
que me dice a mí "Papá".

27 octubre, 2010

DCLXVI.- Lamentonando




La curva se dibuja donde raras personas,
haciendo de la noche una fría estación,
negra comparsa:
abanico que en idioma de murciélagos
fuera llora y catarata para niños atados,
oh descansa.

La medida más vulgar de los inquietos afanes
fuera negra primavera que vivimos juntos.
Canta, mujer,
canta desde el hondo manto fúnebre de Dios
que perece o permanece en alegría purulenta.

Yo sabía que venía cabizbajo,
como extraña silbatina tocando puertas:
y gritaba porque no me encontraría,
que cerrara los ojos,
erguido detrás de mí,
la madre solitaria.

Porque está en el origen de la tierra yermo,
sanando paralíticos, mintiendo:
hace tanto tiempo que vivía en mí,
oscura plataforma escamosa.

Porque es parte del sistema de las cosas,
¿qué hago despierto, amante mía,
qué hago despierto?

08 octubre, 2010

DCLXV.- Autobiografía no Autorizada II


La conocí en Valparaíso, en enero de 1995.


El Nono cumplía 47 años ese día, y se había organizado una velada sencilla y tranquila en la casa de su madre, doña Armanda Trujillo Menares, viuda de Pedro Aravena Hodar, quien había muerto, probablemente de cirrosis hepática, en el invierno de 1989. Viví con ella el primer año de universidad. Fueron tiempos desolados y solitarios. Apenas tenía 17 años y la Escuela de Derecho era para mí la consumación de la mediocridad.
Por esa época, mi abuela daba muestras evidentes de una avanzada demencia senil, con rasgos psicóticos y paranoides. El mal que sufría la volvía problemática e impredecible, pues imaginaba conversaciones y asuntos que jamás ocurrieron, y la llevaban a involucrar a cualquiera que tuviese la mala fortuna de trabar con ella conversación, en sus largos monólogos insensatos y, en general, en la oscura trama inextricable donde se perdía su espesa locura, como un inaguantable e irascible quijote gabrielamistralmente gordo. En suma, todos sufríamos su enfermedad.


Recuerdo una tarde de sábado, cuando llegó de la feria de las pulgas con un libro: “Encontré este tratado de parapsicología completísimo”, me dijo.


- Tú sabes que soy corresponsal parapsicóloga del New York Times- y dejó el libro en la mesa de la cocina.


Yo no le di mayor importancia. Desde mucho antes que muriera mi abuelo, la Armanda creía ver en la tele noticias que nunca fueron y conversaciones en la calle con gente que no la conocía. Llevaba consigo a todas partes una carpeta amarilla con títulos de propiedad de la casa, publicaciones del Diario La Estrella donde aparecía pronosticando conspiraciones y sueños abandonados que nadie ni yo nunca creyeron.


Al rato fui a la cocina a hojear el libro. Eran imágenes de piojos y garrapatas de toda índole. Bichos raros de todo el mundo. “Manual de Parasitología”, decía la tapa.


No alcancé a resistir un año viviendo con mi abuela. Apenas me fui de su casa, comenzó mi vida de universitario.
Viví un año y medio en una mansarda húmeda y oscura, habilitada en el segundo piso de una casa hermosa del Cerro Esperanza. Pagaba 20 mil pesos y en el velador hallé un libro con todos los cuentos de Chejov, o al menos todos los que uno hubiese querido leer. Iba todos los miércoles al cine de la Santa María y almorzaba allí, con el Franklin, mi mejor amigo de Iquique. A él también le gustaban los Beatles, pero no tanto.


-Apenas llego a tu casa, sé que estás tú, porque están sonando los Beatles- me dijo un día, aburrido.


Pasaba tanto rato metido en el Cerro Los Placeres, donde conocí a mis mejores amigos de esa época, en su mayoría mechones de la Universidad Santa María, que me fui a vivir a una pensión allí. Fueron años inolvidables.
En ese mundo vivía yo cuando mi padre y mi hermano llegaron en 1995 a pasar el verano en Valparaíso. Mi abuela estaba completamente loca. No obstante, yo mismo le ayudé a preparar la casa para la hora en que el primer invitado tocase la puerta. Llegó mi polola de entonces y sus padres, que vivían los estertores de su vida en común, y no se aguantaban. La velada se desarrolló en un ambiente festivo y agradable, pero terminó temprano. A eso de las 23 horas, a punto de dormir con el Camilo, el último de los visitantes había partido. Estábamos en la pieza del segundo piso de esa casa en Camila 109, una hermosa construcción hecha con pino de Oregón, que se yergue blanca y solemne sobre un cimiento de piedra y hormigón en la cima del cerro La Loma, con la mejor vista imaginable de la bahía de Valparaíso y una perspectiva impactante de la antigua Cárcel, que aun funcionaba.


- ¡Vamos al Bar La Playa!- le dije a mi hermano, que finalmente aceptó.


Antes de la medianoche, bajábamos al plan de la ciudad, en busca de aventuras. Yo quería conocer mujeres.
El Playa era un viejo restaurante de turismo, que hasta fines de los ochenta seguía siendo el sitio de reunión preferido de marinos viudos, estibadores jubilados o simplemente de esos viejos alcohólicos perdidos que abundan en el Puerto. Sin embargo, para cuando comencé a estudiar en la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, el bar al que ingresamos minutos antes de la medianoche, con mi hermano, se había convertido en un Pub universitario mágico y bullicioso, demasiado atractivo para un par de iquiqueños veinteañeros.


Entramos sin pagar, pues en ese entonces nadie cobraba, y me dirigí de inmediato a la columna de gruesa madera que se extendía en el centro del salón, ataviada con una red de pesca que separaba los ambientes, justo frente a la barra, cuando ya todas las mesas estaban ocupadas y cientos de ebrios mozalbetes impetuosos giraban como lo harían los caballos en el circo romano, y el más terso y apetitoso ramillete de las mejores y más blancas margaritas de la Joya se deleitaban observando el paso de los demás. Yo lucía un gorro de lana comprado en Chiloé, pocos días antes, cuando la temperatura en el interior del bar probablemente llegaba a los 40 grados. Eso fue, precisamente, lo que llamó su atención. Ella me miraba burlona y reía con sus amigas ante el extraño espectáculo.


Fui yo, valiente, quien se acercó primero, hipnotizado por el metálico destello nocturno de sus ojos café, embobado ante el porte esbelto y atlético de su elegante y femenina belleza, absorto en su cintura diminuta, su regazo generoso y sublime, cubierto por una negra blusa de seda, y sus caderas que sobresalían debido el efecto alucinante de unas patas púrpuras que había escogido esa noche para sobornar el corazón de los ridículos que osaran acercársele. El pelo negro y su mentón partido completaron el hechizo. Creo que me enamoré de inmediato.


Pololeaba entonces con un compañero de mi escuela que me era demasiado antipático. Probablemente se haya estado burlando de mí, desde el segundo piso, cuando bajó a ver qué pasaba con su mina, que no paraba de reír con cada idiotez que yo le decía. Me la presentó y me dijo al oído “Ella es mi polola, pero me estoy comiendo a la amiga”. Su mejor amiga reía también de lo que decía, pero no prestaba mayor atención.


Al final de la noche, cuando el Camilo estaba a punto de dormirse sobre una mesa rodeado de botellas de cerveza vacías, fuimos echados a la calle por los meseros agotados, la encontré borracha llorando sentada en la vereda. Su pololo la había hecho sufrir demasiado esa noche y me convertí, desde entonces, en su pañuelo y su amigo más fiel, su nerd irremisible y su sostén espiritual sin condiciones. Yo pienso que estaba hecha para ser amada.


Nos besamos bajo la luz de un farol, junto a la Plaza Sotomayor, hasta que logré detener su llanto y la fui a dejar donde su mejor amiga, la amante de su pololo. Al día siguiente, me llamó al número de mi abuela para pedirme disculpas por haberme besado. “¿Disculpas?”, le dije yo. “Si no te hubiese conocido ayer, no me lo habría perdonado jamás”, y corté.


Hasta que me fui de Valparaíso, en 1997, para hacer la práctica forense en la Corporación de Asistencia Judicial de Tarapacá, no había mostrado por mí mayor interés que el que efectivamente sentía por sus pololos. Le conocí 6, al menos. A sus cumpleaños sólo iban hombres, sus amigos, pololos y ex pololos; y sólo tres de sus amigas del colegio. Yo nunca fui.


Por entonces, cantaba en dos grupos de Rock. Pullman Blues era un quinteto de estudiantes de Derecho, que como yo con tiempo libre, nos reuníamos en el aula magna de la Escuela de Derecho, y llegamos a ganar un festival el 97. Templeman era otro quinteto, pero formado por músicos aficionados y profesores de conservatorio, que aceptaron a un abogado que quería cantar como Robert Plant. Llegamos lejos. Compusimos un álbum, fuimos a la Radio, salimos en la Tele y tocamos en la sala SCD, el mismo año.


Pero yo estaba haciendo la práctica. A veces, me acordaba que había estudiado derecho y egresado con las mismas ganas de ser abogado que de morir.


Una noche me llamó a Iquique, cuando supo que no estaba en Valparaíso. Se mostró inusualmente interesada en mí. “Te estoy haciendo los puntos”, me dijo. Yo estaba rendido a sus pies desde ese 23 de enero, así que bastaba solamente que ella dijera “¡Upa!”.


Volví a Valparaíso el último sábado de mayo de 1998. A la medianoche de ese mismo día, fui al Valparaíso Eterno, donde trabajaba como mesera, sólo para verla otra vez. Estaba hermosa, y me dijo: “Volviste gordito. Te quiere tu mamá, parece”. Avergonzado, le respondí lo primero que pensé.


- “Mi papá también me quiere”.


En septiembre del mismo año, a los 25 años, la elegí a ella. Por entonces, dueño de una hermosa voz y con la belleza fugitiva y radiante de la juventud, me bastaba únicamente con posar fijamente mis ojos verdes en la más hermosa para que se fijara en mí. Mi mundo de fantasía de la niñez rendía frutos: podía deslumbrarlas a los pocos días de conocer a cualquiera, pero se aburrían cuando me veían entregado y sin remedio. Siempre me ocurría lo mismo. Como muchos de mi generación, sentía que “Paramar”, de los Prisioneros, había sido escrita para mí. Así fue mi juventud: amores desventurados e incompletos, hasta que la conocí.


Para el final del verano del 99, cuando volvíamos de un inolvidable verano de vacaciones en Iquique (todo febrero), habíamos decidido casarnos. La pasión nos puso grilletes y nos amamos como se aman los adolescentes, frenéticamente y con la magia de la poesía y la belleza. Hacíamos el amor cada vez que nos veíamos. Por entonces descubrí que era adicta a las anfetaminas y la cocaína. Cada vez que nos íbamos de juerga, debíamos ir provistos del “vital elemento”. Al principio no me mostré sorprendido, pero terminé por admitir que se trataba del fuego de la juventud y de una parte inevitable en la vida irresponsable.


Abandoné el grupo Templeman, me corté el pelo, comencé a trabajar en la Memoria y nos fuimos a vivir juntos en una pequeña habitación de la Subida Caracoles, en el Cerro Alegre.


Nos casamos en la casa del padre del actual marido de mi suegra, el 26 de junio de ese año. Había llovido en esos días y la oficial del registro civil llegó tarde. Tuve que ir a buscarla yo mismo en el auto de Esteban Paredes, un amigo abogado que conocí cuando hice la práctica, y que iba a ser el testigo de mi felicidad. Cuando llegamos, con la oficial por fin a la casa, la torta de novios se había caído y hubo que afirmarla contra la pared. La fiesta fue sencilla pero inolvidable. Estábamos enamorados. No sé si los invitados quedaron conformes con el agasajo, pero a nosotros no nos importaba. Habíamos mandado a hacer unos partes primorosos, con el dibujo de un árbol otoñal sin hojas. “¡Nos casamos! Y queremos compartir con ustedes el comienzo de nuestra vida juntos”, decía.


¡Oh, el comienzo de nuestra vida juntos! Cubre mi recuerdo con la música de Serrat, el esfuerzo por titularme pronto, alguna que otra penuria económica y el relajo de lo que en realidad, más que un matrimonio, parecía ser un pololeo independiente. Nos habíamos cambiado a un piso pequeño, de un ambiente, separado por planchas de madera terciada, que había sido originalmente la habitación de una inmensa y elegante mansión en el Cerro Concepción de Valparaíso. Pagábamos a duras penas 80 mil pesos mensuales de renta, teníamos cuenta en “La Polla”, un negocio cercano y lavábamos la ropa todos los fines de semana en la casa de mi suegra, en Villa Alemana. La vida sencilla, el carrete intermitente y mi incipiente carrera de abogado, marcaron esos años hermosos y tranquilos.


Nada parecía romper la plácida aventura de ese idilio: ni el carácter irascible de mi amada, que me contagiaba en la furia de sus arrebatos incomprensibles, ni su terca fatiga que la alejaba de mi sexo, la dormía en nuestra cama de plaza y media desde las siete de la tarde y me convertía mes tras mes en un amante cada vez más solitario, onanista e insatisfecho. Hasta el nacimiento de mi hija, esa placidez del enamoramiento no se había roto, ni siquiera con la pobreza.

Entonces, cuando ya vivíamos en el último piso de un edificio nuevo en el paseo Dimalow, los problemas comenzaron a complicar nuestra existencia común y nos llevó a dilapidar sin remedio el sagrado tesoro de nuestra comunicación. Descubrí que padecía de un extraño trastorno alimenticio, que arrastraba sin tratamiento cabal desde su niñez y que había surgido durante los años en que mi suegra comenzó la relación con su actual marido. Esta señora, incapaz de enfrentar con éxito los problemas de la crianza, llena de ambiciones arribistas, cometió errores en el proceso de formación del carácter y la autoestima de su única hija, a quien cubrió de lisonjas y consintió sin previsión alguna, a partir de su carácter apasionado y sobreprotector: la crió sola, casi sin ayuda económica del padre y armó una nueva familia cuando a los 13 años ella despuntaba en la adolescencia.
El resultado comencé a sufrirlo en esos años: Mi mujer se había casado conmigo por complacer a su madre, con ese prometedor estudiante de derecho, de hermoso rostro y humor aparentemente apacible. Mi suegra nunca permitió que su hija se independizase. Nunca lo permitirá. Ese es el principal motor de la enfermedad que me alejó de mi mujer y que, entre otras razones, acabó con el matrimonio.


Apenas nació la Nenita, fui contratado como abogado asistente en la Fiscalía de Iquique. Vivíamos, en esa época, en la misma casa de Camila donde se había celebrado aquel cumpleaños 47 de mi padre, preñado de futuro. Mi abuela había muerto en Viña del Mar a fines del 2001 y, naturalmente, el Nono dispuso todo para que viviésemos allí.


Cuando partí a Iquique, en septiembre de 2002, mi mujer y mi hija se habían quedado en Camila, donde permanecieron hasta principios de noviembre. Debe haberle costado mucho separarse de mi suegra, y a mi suegra separarse de su hija. Pero finalmente se fue a vivir conmigo. Allí, en Iquique, en ese departamento de la Avenida Héroes, donde por fin vivimos sin mayores apuros económicos, la hermosa pareja que alguna vez llegamos a ser desapareció irremisiblemente. El matrimonio se fracturó definitivamente y para el 31 de diciembre de 2002, la penosa intromisión de mi suegra en la pieza conyugal, terminó por llevarse de mi corazón la magia y el canto de este sueño que habitó en mi alma para siempre.


Tres días después de la noche de Año Nuevo, ella partía de vacaciones con mi hija de 10 meses, dejándome solo, mareado con mi nuevo trabajo y cegado en la vorágine en que venturosamente se desplegaba el helecho de mi futuro desarrollo profesional. Un día antes que volviera a Iquique, acompañada para colmo de una tía, puse fin a una larga temporada de forzado celibato que se arrastraba desde la última época en Valparaíso, con la Jefa de la Unidad de Gestión e Informática de la Fiscalía de Tarapacá.


El matrimonio terminó esa noche. Lo demás fue sólo una triste agonía.


Desde entonces, hasta diciembre de 2007, una breve serie de infidelidades mutuas, aventuras de ambos sin mayor trascendencia, fueron minando irremisiblemente la confianza y el amor, hasta convertir la vida juntos, lentamente, en una tortuosa pesadilla, disimulada malamente con mis progresos en la Fiscalía. En octubre de 2003, fui nombrado Fiscal Adjunto en Arica.


Subí dos grados en el escalafón de la Administración Pública y un millón de pesos en mis remuneraciones. En noviembre de 2004, partimos a Santiago, donde alcancé la cúspide: el mayor grado posible de un fiscal, para trabajar en la Fiscalía Metropolitana Sur. Arrendamos un elegante y oneroso departamento que mi mujer y mi suegra no tardaron en hallar en el barrio El Golf, donde vivíamos ya con nuestro segundo hijo, Pedro Pablo, nacido en Arica. Aparentemente se trataba de la familia ideal, el matrimonio perfecto: la pareja con mejor futuro. Pero todo ya estaba sentenciado.


Finalmente, la lápida la pusimos juntos, cuando decidimos inopinadamente comprar una casa inmensa, de mil metros cuadrados, con piscina, jardines ornamentales, árboles frutales y un ambiente rústico y dorado, con un quincho y una asadera que parecía de sueño, en Villa Alemana. El objetivo principal, al menos por mi parte, era una vez más complacer el gusto y el afán de mi mujer por estar junto a su madre, o lo más cerca de ella que fuese posible. Para eso, sacrifiqué dos años de mi vida, viajando todos los días de la semana, desde Villa Alemana hasta la Fiscalía Sur, en San Miguel, para ir a trabajar. Me levantaba a las 05:30 de la madrugada, y partía al terminal de buses, junto a la estación del metro, para tomar el Tur Bus de las 06:40, que me dejaba en la Estación Pajaritos, del Metro de Santiago, a las 08:00 de la mañana. Luego, tomaba el metro, y llegaba justo a las 08:30 a la oficina.


Así transcurrió todo el 2005 y el 2006. Desesperado por la soledad, el tedio, los trastornos del sueño y, especialmente, porque cada vez más me alejaba de mi mujer, renuncié al más alto grado en la Fiscalía Sur, y fui admitido como Fiscal de Valparaíso, en septiembre de 2006, dos grados más abajo en la escala, pero en la mejor plaza de Chile.


Ya era demasiado tarde. Un año después, el 7 de diciembre de 2007, me fui de la casa al descubrir que había otro hombre y que ya no se trataba de una aventurilla, sino de una pasión nueva, que la había alejado de mí para siempre. Había intentado buscar ayuda en un grupo católico de catecúmenos, pero también fue un fracaso. Ella no tenía ningún interés religioso.


Sentí pena y furia, pero me fui de todos modos. Me separé por vez primera de mis hijos y me fui a vivir en la misma pensión universitaria donde vivía cuando comencé a pololear con ella, en Lautaro Rozas, del Cerro Alegre. Fueron meses desperdiciados. No crecí nada, no maduré mi nueva vida y seguí manteniendo la casa y una vida fatua como un marido puertas afuera. Intenté volver, con el acuerdo de mi mujer, que a regañadientes me admitió en mi propia casa en mayo del 2008. Pero ya no había caso. Todo había terminado. Reñíamos muy a menudo por tonterías, pero también por cosas importantes, como su enfermedad, la crianza de los niños, la insistente presencia e intromisión de su madre, por mis relajos como hombre de la casa, ya que no tenía ningún estímulo por ayudar en el orden y el aseo. Ya no era el mismo. Estaba triste, deprimido y me refugié en la Internet, donde había encontrado un mundo ficticio que me consolaba. Ella pensaba que mi interés era conseguir mujeres, pero no. Se trataba de mi blog, que llené de poesía y colores durante tres años, desde el 2005, y que se había convertido en una obra de arte posmoderna. El Cuculí Pop me permitía trabar amistad con artistas, poetas de todo el mundo y me hacía reafirmar el alma de niño que nunca debí perder. También me permitía contactar mujeres, pero eso venía por añadidura, y lo hacía sin remordimientos, pues ella no me daba nada y estaba desdichado. También por esa época comencé a beber como nunca lo hice antes ni después.


Finalmente, en mayo del 2009, me fui definitivamente de la casa, a vivir en un departamento del barrio Puerto en Valparaíso. Seguí manteniendo sin embargo su vida de mujer casada, en la creencia errada de que acaso pudiese recuperar lo que ya no existía y de revivir un muerto que apestaba a indecencia.


Nuestros amigos comunes nos dejaron de frecuentar. La familia de cada uno se replegó, y las discusiones se volvieron cada vez más ásperas y tormentosas. Le estábamos haciendo daño a nuestro hijos de manera irresponsable y acaso irreparable.


Entonces, decidí huir. Postulé a un cargo de Fiscal en Arica, con la insensata esperanza de lograr que ella, como el 2002, se fuera conmigo, no para vivir juntos, pero si al menos para ayudarme a liquidar el negocio y cooperar en el reinicio de nuestras vidas. Pero ella no puede alejarse de su madre por mucho tiempo ni a mucha distancia. Depende de ella y por ella vive: su ser y su malsana forma de concebir la existencia discurren sobre la base de la presencia inmutable y permanente de mi suegra. Por lo demás, la huída al Norte no sirvió para nada. Quise encontrarme espiritualmente y hallé un Biblia; quise reiniciar mi vida y lo perdí todo. Ahora he vuelto, nuevo y distinto.


Recién llegado a Arica, estaba lleno de pena y dolor. Fui, en esos días, demasiado duro con mi mujer, pues me parecía que su enfermedad era la causante de todo el fracaso, y me había convertido en el ogro que para ella había terminado siendo. Su madre, la bulimia, mi trabajo, la casa, sus amistades, mi blog, los niños, todo eso nos alejaba y nos hacía reñir.


Cuando estuve un mes en Talca, ayudando a la Fiscalía luego del terremoto, la cercanía me dio oportunidad de ir todos los fines de semana a Villa Alemana. Los problemas se agravaron pues ya ni siquiera podíamos estar juntos una mañana. Así terminó siendo “nuestra vida juntos”, cuando una noche me fui de la casa despavorido, camino al bus para tomar el avión que me llevaría por última vez a Arica. Fue una noche de furia: toda la injusta situación que vivíamos, la cárcel que nos atrapaba, el desamor y la desesperanza se unieron a las circunstancias que ese día viví, mi hija enferma y con fiebre, la casa declarada “bien familiar”, para no venderla, mi soledad y mi angustia, la presencia de su hermano menor, también enfermo psiquiátrico y sin tratamiento, al alcance de mis hijos e impredeciblemente violento; todo eso se volvió una sola madeja de furia y dolor: me desquité con el símbolo de esa tortura: los muebles que compramos en Iquique cuando la pesadilla comenzó. Tomé un sitial de madera del living y lo hice pedazos en el patio. Los niños deben haber odio el ruido de la madera quebrándose. No lo sé, pero quedaron afectados. Fue un arrebato del que me arrepentiré toda mi vida, pero dudo que hubiese podido evitarlo si volviese a vivir ese instante de desesperación.


Fue el final.


Desde entonces tengo prohibido por el Juez de Familia acercarme a mi mujer, hasta que el acuerdo de divorcio, visitas y alimentos se firme. Lo firmaré a las 5 de la tarde, por el bien de mis hijos y de su madre, que debe estar también muy triste.


Nunca imaginé que esto terminaría así, pero creo que el de destino era inexorable. La dirección de nuestras vidas estaba, al parecer, fijada incluso antes de conocernos.

26 julio, 2010

DCLXIV.- Bien Familiar



Nunca me llamó
más de una vez,
salvo el 19
de cada mes.

Nunca me dio un beso
más enamorado
que en los blancos pasillos
del supermercado.

Cauta se libró
(pero sólo de mí).
Poco le importó:
por eso me fui.

¡Ella, que me fue!
(nunca de verdad):
¡Yo, que le compré!
(hasta la mitad).

20 julio, 2010

DCLXIII.- Cuculí Blue





El mejor de los ejemplos posibles
para dar noticia exacta de la dicha,
es la ingente propulsión de mi sonrisa
y del mundo en el que quiero vivir.

Ha llegado hasta mi noche adversa,
cabecita de rosados y caricia,
la daniña macarena mas propicia,
su bandera tiene vida y tricolor.

Debería contener mis serpentinas,
en ahorro para un tiempo sin rubor.
La prudencia me aconseja y me asesina:
yo prefiero darlo todo por el viento motor.

El amor no es el bullicio de la esquina,
pero es eso lo que llena el corazon:
una guerra de trompetas que jamás se desafina
y que por eso tiene beso como queso y coliflor.

19 julio, 2010

DCLXII.- Reviví Pop


En el alma de la furia viven lágrimas,
viven ángeles y viejos tamarugos
que se apiadan de mi celo
por ser cada vez más justo,
por vivir la vida pura dignamente,
y tener junto a la puerta mi bastón.

Yo quería ser el grande comandante
de una recia madre nave
por el cielo y en el valle
abrigar una esperanza inclaudicable,
pero nunca hubo una tierra
prometida tras el mar,
y a mi paso por la calle
se encalló la soledad.

¿Qué más?

Ahora que puedo disfrutar el trigo dulce
de la prole y de la bella caminata pueril,
me lo vedan por amar y no rendirme jamás:
soy el loco que se esconde
bajo el quid de los faroles,
el insano y peligroso que destruye su hogar.

¿Qué haré?

Yo no quiero ser de nuevo Cuculí:
ese espasmo de agua trilce
que lloraba dando tumbos,
ya se ha muerto irremisiblemente,
porque nada que haya dicho se cumplió.

Hay un nuevo cascarón
sobre la vieja enramada,
un polluelo de vigor
en sangre dulce y delicada.
Hombre libre que ha parido el amor:
se llama Pedro Aravena Arriagada.

05 julio, 2010

DCLXI.- La Pequeña



Yendo transcurrida la mitad del camino,
miro hacia adelante y lo que puedo ver
es una vereda que me lleva a la noche,
larga como larga es la que ya caminé.

Justo en el instante en que creí extraviada
frágil la belleza de mi tierna juventud,
tocan a la puerta tan de madrugada,
casi que no supe que venías tu.

Mínima, sencilla y caminando leve,
tal como la vida que si viene, va
dando a cada paso un escalón que tiene
el mismo perfume de la libertad.

Niegan mis amigos este sueño loco:
"Déjate de bromas que ya no es tu edad:
sigue tu camino que te queda poco.
Viejo, peregrino, deja para los demás".

Pero no los oigo porque nada dicen:
lucen cicatrices sin querer sangrar,
mueren años antes de parir la dicha:
lloran en la playa sin tocar el mar.

Canta, puro trino, ni te pongas triste:
hay una distancia que no tiene valor.
Eras mi destino pero te escondiste.
Todos somos niños cuando llega el amor.

01 julio, 2010

DCLX.- Letargonauta



Me sumerjo irreverente
en el abismo de este sueño
que no tiene lar ni dueño
y que nos hace bostezar.

No quería remecerla,
tan sumida en su belleza
y me acaricia un brillo perla,
en delicado ajuar, su pieza.

La sencilla y perezosa
macarena dormilona,
que no quiere ni por nada
en este mundo despertar.

Va desnuda y secuestrada
entre la sábana y la lona:
me recuerda levemente
a la quietud del mar.

26 junio, 2010

DCLIX.- Amiga Fábula


Vivo vil navego entre tinieblas,
pero nadie puede amarte como yo,
porque saco de mi bolso solo piedras
y entre piedras amanezco para ti.

Hago fértil un almácigo en mi terca prisión,
lo decoro con su flor de mediodía.
No merezco ser llamado lo perfecto venir,
pero digo lo que siento, yo pariendo.

De mi niña cautivante,
mi delicia calamar,
mi genuina redención,
mi fantasía.

Mi primera ensoñación,
mi alegoría mayor
y mi hermoso tricolor: si digo amar,
navega toda la pulsión de mi alma.

Giro concierto trepidar
de niño y pájaro cabal.

Soy melodía.